Si vais por el Maestrazgo sur quizá os aconsejen visitar el pueblo de Mirambel, y no es para menos. Resulta ser una pequeña localidad un poco más allá de Cantavieja en la que parece que el tiempo se ha detenido, al menos lo que se ubica dentro de las antiguas murallas. Muy cuidado y limpio, su paz y tranquilidad invita a pasearlo detenidamente, saboreando cada rincón del mismo.
La tentación, si sois aficionados al senderismo, es partir de Mirambel para acercarse hasta Tronchón y vuelta por el mismo camino. Nosotros caímos en ella, y tal y como reza el título de esta reseña, no puedo calificarlo sino como un desatino, un desacierto y una frustación.
Para empezar no pudimos aclarar la distancia del recorrido. Mientras que en la oficina de información nos decían que había dos alternativas, la antigua (11 Km.) y una nueva señalizada hacía un par de años (9 Km.), al llegar al punto de partida el poste lo señalizaba como sólo una, y de 7,7 Km!!!. (Hablo siempre de distancia de ida).
No sé si son 11, 9, o casi 8, pero en cualquier caso, lo que no avisan es que cuando estás reventado y piensas que estás casi en Tronchón, resulta que aún te queda más de un Km. por recorrer y, por carretera!!! A fuer de ser sincero tengo que decir que no puedo asegurar que el Km y pico que nos quedaba era todo por carretera, ya que al ver la mancha gris que se extendía a nuestros pies y hasta lo lejos, decidimos volver sobre nuestros pasos.
La ruta es un rompe-piernas. Comienzas con una subida de pendiente endiablada, que en su día debió de estar empedrada, ahora es un continuo esfuerzo, pues todas las piedras están sueltas o casi. Eso nos costó más de media hora.
La foto muestra el pueblo de Mirambel, cuando estábamos a media ladera, aún nos quedaba un buen trecho para llegar al paso que hay entre las dos laderas de la montaña.
A partir de ahí se baja por una vía pecuaria que se torna rápidamente en una zona de piedras, esta vez, bien asentadas en el suelo. Luego vuelta a subir, bajar, subir, bajar... y al final la carretera. Ufff!
El paisaje es de todo menos interesante, y para terminar de fastidiar el panorama, hay que caminar unos centenares de metros, más de un Km. diría yo, por una senda de apenas 30 ó 40 cms, al borde de un barranco donde, si perdías pie, te esperaban con ansia unos buenos montones de piedras. Además de ser estrecha había algunos tramos con corrimientos de tierra, lo que significaba que había que saltar, con un riesgo evidente para nuestra integridad física.
Para rematar la faena, la vegetación había borrado la senda y llegado un punto no sabías bien por dónde seguir, lo que nos llevó a algún despiste que nos hizo perder inútilmente el tiempo.
No hay más fotos porque, como digo, el paisaje no era nada sugerente.
Después de casi cinco horas de sufrimiento inútil llegábamos al punto de partida, Mirambel. Si hubiéramos llegado a Tronchón habríamos necesitado al menos una hora más.
Como podéis imaginar no aconsejo esta ruta por nada del mundo, hay otras por el Maestrazgo bastante más sugestivas, y si queréis ir a Tronchón se puede acceder por la dichosa carretera a lomos de vuestro automóvil.
Carletto
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Primavera
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Temas de los que escribo
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viernes, 27 de octubre de 2017
miércoles, 20 de septiembre de 2017
Senderismo Las Tuerces
Hay varias rutas de senderismo que, desde distintos puntos de origen, tienen como destino el paraje natural conocido como las Tuerces, muy cerca de Aguilar de Campoo.
Este paraje tiene como aliciente el espectacular paisaje que ha creado la naturaleza a base de viento y agua golpeando sobre las piedras calizas. No es muy grande, pero suficiente como para desorientarte si no estás ojo avizor, pues hay sendas entre la maleza que termina en una suerte de precipicio y has de volver sobre tus pasos,
No voy a describir la ruta, ya que hay varias páginas dedicadas al efecto, sino que me centraré en nuestra experiencia reciente al recorrer una de las rutas, la denominada "Roja" que parte del pueblo de Mave. La escogimos ya que, bien a la ida o bien a la vuelta, se puede parar a ver la iglesia de Santa María de Mave. Se puede visitar por dentro si llamas a un móvil que hay en la puerta, a los pocos minutos viene un señor para facilitarte la entrada.
En el punto de salida de la ruta (ya pasado el pueblo de Mave), hay un pequeño aparcamiento para dejar el coche con comodidad. Ahí empieza el camino que lleva a la Horadara, primer punto interesante de la ruta.
Mi recomendación es armarse de paciencia, ya que las marcas rojas que se supone que señalan el camino, están en un estado muy deficiente. Son escasas o bien se han borrado en todo o en parte. Es verdad que al poco te das cuenta que por ahí no era, pero eso no resulta nunca muy agradable.
Hay un punto clave pasado la Horadada en la que te despistas seguro, pues el camino llama claramente a seguir recto, sin embargo habría que coger una desviación a la izquierda para ir bordeando el cañon. La marca está escondida por un arbusto y, sencillamente, no se ve. Luego nos dimos cuenta ya que al regreso, de manera totalmente fortuita, volvimos por el camino que se suponía correcto.
No tiene mucha importancia, pues el camino que sigue recto se adentra en terrenos de labor y entronca con otro camino vecinal que termina en Villaescusa de las Torres, lugar donde inicia la ascensión a las Tuerces.
Tampoco es que en Villaescusa haya facilidades para encontrar el punto para atacar al subida, pero con ayuda de algún lugareño se logra el objetivo. A partir de ahí, no hay pérdida pues es subir y subir por las típicas zetas hasta alcanzar la cima, donde encontramos las Tuerces.
Ahora voy a contar cómo volvimos por el camino correcto ayudados por la suerte.
La vuelta parecía fácil, y así fue durante la primera parte, ya que la bajada era sí o sí, y a partir de Villaescusa también nos acordábamos. Lo bueno es que tomamos la primera desviación a la derecha, tampoco señalizada, pero resultó que era la buena. Llegamos a la Horadada bordeando la preciosidad del cañon y a partir de ahí todo estaba hecho.
Nos han asegurado que van a señalizar de nuevo las rutas, y no lo dudo de vaya a ser así, pero mientras tanto, tomad precauciones, id con tiempo suficiente y un poco de paciencia porque, en cualquier caso, siempre se llega y, por último, no dejéis de ir porque merece francamente la pena.
Carletto
Este paraje tiene como aliciente el espectacular paisaje que ha creado la naturaleza a base de viento y agua golpeando sobre las piedras calizas. No es muy grande, pero suficiente como para desorientarte si no estás ojo avizor, pues hay sendas entre la maleza que termina en una suerte de precipicio y has de volver sobre tus pasos,
No voy a describir la ruta, ya que hay varias páginas dedicadas al efecto, sino que me centraré en nuestra experiencia reciente al recorrer una de las rutas, la denominada "Roja" que parte del pueblo de Mave. La escogimos ya que, bien a la ida o bien a la vuelta, se puede parar a ver la iglesia de Santa María de Mave. Se puede visitar por dentro si llamas a un móvil que hay en la puerta, a los pocos minutos viene un señor para facilitarte la entrada.
En el punto de salida de la ruta (ya pasado el pueblo de Mave), hay un pequeño aparcamiento para dejar el coche con comodidad. Ahí empieza el camino que lleva a la Horadara, primer punto interesante de la ruta.
Mi recomendación es armarse de paciencia, ya que las marcas rojas que se supone que señalan el camino, están en un estado muy deficiente. Son escasas o bien se han borrado en todo o en parte. Es verdad que al poco te das cuenta que por ahí no era, pero eso no resulta nunca muy agradable.
Hay un punto clave pasado la Horadada en la que te despistas seguro, pues el camino llama claramente a seguir recto, sin embargo habría que coger una desviación a la izquierda para ir bordeando el cañon. La marca está escondida por un arbusto y, sencillamente, no se ve. Luego nos dimos cuenta ya que al regreso, de manera totalmente fortuita, volvimos por el camino que se suponía correcto.
No tiene mucha importancia, pues el camino que sigue recto se adentra en terrenos de labor y entronca con otro camino vecinal que termina en Villaescusa de las Torres, lugar donde inicia la ascensión a las Tuerces.
Tampoco es que en Villaescusa haya facilidades para encontrar el punto para atacar al subida, pero con ayuda de algún lugareño se logra el objetivo. A partir de ahí, no hay pérdida pues es subir y subir por las típicas zetas hasta alcanzar la cima, donde encontramos las Tuerces.
Ahora voy a contar cómo volvimos por el camino correcto ayudados por la suerte.
La vuelta parecía fácil, y así fue durante la primera parte, ya que la bajada era sí o sí, y a partir de Villaescusa también nos acordábamos. Lo bueno es que tomamos la primera desviación a la derecha, tampoco señalizada, pero resultó que era la buena. Llegamos a la Horadada bordeando la preciosidad del cañon y a partir de ahí todo estaba hecho.
Nos han asegurado que van a señalizar de nuevo las rutas, y no lo dudo de vaya a ser así, pero mientras tanto, tomad precauciones, id con tiempo suficiente y un poco de paciencia porque, en cualquier caso, siempre se llega y, por último, no dejéis de ir porque merece francamente la pena.
Carletto
jueves, 2 de marzo de 2017
Academia nº 3
martes, 8 de noviembre de 2016
Expresividad (I)
Se podría hablar mucho acerca de qué parte del cuerpo es la más expresiva. Quizá sea la cara, o quizá la figura, pero hoy me llaman la atención, las manos.
Las manos dicen mucho de la persona, solamente hay que saber leerlas. Fuertes o delicadas, con dedos largos o cortos, proporcionadas o dispares, uñas cuidadas o mordidas... y tantos otros matices.
Hoy traigo unas manos que nos pueden llevar a engaño, parecen delicadas pero a la vez son grandes y fuertes. Una fea cicatriz recorre la muñeca y parte del brazo; eso hace un poco más intrigante la interpretación del dueño (o la dueña) de estas manos.
Espero que disfrutéis elucubrando y sacando vuestras propias conclusiones.
Las manos dicen mucho de la persona, solamente hay que saber leerlas. Fuertes o delicadas, con dedos largos o cortos, proporcionadas o dispares, uñas cuidadas o mordidas... y tantos otros matices.
Hoy traigo unas manos que nos pueden llevar a engaño, parecen delicadas pero a la vez son grandes y fuertes. Una fea cicatriz recorre la muñeca y parte del brazo; eso hace un poco más intrigante la interpretación del dueño (o la dueña) de estas manos.Espero que disfrutéis elucubrando y sacando vuestras propias conclusiones.
lunes, 6 de junio de 2016
Pintar un cuadro
Realmente no hay un camino establecido para llegar a pintar un cuadro, pero he aquí algunos pasos para conseguirlo.
Carletto
El Encaje.-
La Mancha.-
El resultado.-
Carletto
jueves, 21 de abril de 2016
El colchonero
Han pasado ¿Cuántos años? ocho, diez, quizás más. La espalda
cruje y se resiente cada día a la hora de levantarse. Haces la cama y notas que
el perfil de la misma se parece más al casco de un barco que a la superficie
plana que recuerdas cuando compraste el colchón. Tienes un nuevo problema
puesto que, sin lugar a dudas, hay que renovar el mismo; y eso no es esa una tarea
fácil.
¿Conviene comprar uno duro, uno blando, de muelles, de
espuma, de... ? Cuando vas a una tienda, ya sea especializada en una marca o
bien multimarca, encuentras decenas de modelos, texturas, anchos, largos,
materiales etc.etc. etc.
Claro que intentan ponértelo fácil... "Acuéstese un
rato y elija el que le resulte más cómodo". Y ahí vas tú, que llevas no sé
cuántos Km. recorridos a tus espaldas y todos te parecen ideales para el descanso
diario. La decisión no es baladí, no en
vano nos pasamos un tercio de nuestra vida (algunos más) metidos en lo que los castizos
llaman "el sobre", y lo malo es que cuando el objeto de deseo está en
nuestro dormitorio y lo padeces noche tras noche, ya no hay marcha atrás.
Recuerdo otros tiempos en los que lo común era dormir en
colchones de lana (borra se llamaba), y os puedo asegurar que era una delicia
meterse en algo que se adapta perfectamente a tu cuerpo, que te da calor en las
frías noches de invierno (en verano era otra cosa) y, lo más importante, eran
eternos o al menos a mí me lo parecía. Claro que había algún que otro
inconveniente, y éste no era sino el momento de hacer la cama cada mañana, ya
que había que quitar toda la ropa (no había bajeras ajustables), remover y
ahuecar el colchón y vuelta a poner toda la ropa en su sitio otra vez (os puedo
asegurar que llevaba su trabajo).
Lo que me resultaba tremendamente excitante era la llegada
del colchonero a casa para hacer el mantenimiento de los colchones. Recuerdo
que era un hombre alto, fuerte, con pelo cano que raleaba en las sienes, entrado
en años, con gesto serio y rudo, poco hablador, pero buen conocedor de su
oficio.
La tarea comenzaba sacando toda la lana, se esparcía por el
suelo y se vareaba con un palo fino y
flexible que llevaba al efecto, y que manejaba con soltura y destreza. Me
imagino (pues no me dieron detalles de toda esta operación), que el objeto de
dar de palos a la lana, era el de airearla y el de hacerla más ligera. Una vez
hecho esto, se volvía a rellenar la tela que hace de revestimiento y que, en
aquella época, solía tener franjas longitudinales de diversos colores (quizá
por eso hay un club de fútbol al que se le denomina "colchonero").
Obviamente la tela había sido lavada, o bien se usaba otra totalmente nueva y
confeccionada a tal efecto.
Una vez rellena la tela, y cosido el extremo por el cual se
había rellenado el colchón, venía la
labor menos cansada. En puntos
estratégicos a lo largo y ancho de la tela había unos ojales, y el colchonero,
provisto de una aguja de notables proporciones, pasaba de un lado a otro una
cinta por cada uno de los ojales, de dos en dos, para luego atarla sobre sí
misma con un precioso lazo. Me imagino (otra vez), que esto se hacía para
contener de alguna manera la lana en compartimentos que, sin ser estancos,
procuraban que ésta estuviera uniformemente repartida por todo el colchón. Y
digo que esta labor era la menos cansada, porque se hacía sentado en suelo y yo
podía ver la cara del colchonero
bastante más relajada que en las labores anteriores.
Por fin, allí estaba el colchón, ocupando buena parte
del suelo, radiante como una nube de algodón de muchos colores, redondeado
miraras por donde lo miraras, y diciendo "aquí te espero" , claro que
no me dejaban saltar sobre el mismo, ni entonces ni una vez puesto sobre la
cama.
No creo que queden colchones de lana ni, por supuesto,
colchoneros. ¡Ah, otra cosa que pasa al olvido!
Dentro de poco sólo se podrá encontrar referencia de este oficio y de este
tipo de colchones en los libros, pues las generaciones que lo conocieron
también habrán agotado su tiempo.
En fin, cuando compre el nuevo me acordaré de mi viejo colchón de lana, y
espero que esta vez no me equivoque al elegirlo.
Carletto
martes, 9 de febrero de 2016
Laguna Negra
Por el título parecería que el dibujo iba a representar alguno de los maravillosos ángulos que ofrece la Laguna Negra (Soria), pero no es así. Se trata de un tramo de un pequeño recorrido que parte y muere en la dicha laguna, pero apartándose de ella, y en el que podemos admirar parte del paisaje que la circunda. Es un paseo más que una ruta, estando perfectamente bordeado por la valla que se refleja en el dibujo.Si todavía no habéis tenido la oportunidad de visitarla, os lo recomiendo. Si os acercáis en coche, y dependiendo de la época, hay que abandonar éste a cierta distancia para luego, por un tramo asfaltado y en continua pendiente, acceder al tesoro escondido que esconde la montaña, esto es, la laguna bordeada por su maravilloso circo glaciar. De la laguna sale una senda que lleva a los picos de Urbión, pero eso es otra historia. Para el común de los mortales, el llegar a este espectacular paraje ya es suficiente.
Podéis encontrar mucha más info en las decenas de páginas web que existen.
Ciao,
Carletto
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