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domingo, 30 de junio de 2013

En busca del tiempo perdido

Si no recuerdo mal, así es el título de un libro que leí hace no pocos años. En este caso, el objetivo es mucho más modesto.



Me resulta curioso ver como el ser humano trata de engañarse a sí mismo con frases más o menos hechas. Un ejemplo lo tenemos en la de “No tengo tiempo” y en sus mil y una variantes. Lo que voy a tratar en este artículo puede resultar obvio, pero a veces conviene recordar lo que es obvio para que resulte evidente.


Primera obviedad
Si a las horas del día les restamos lo que una persona dedica a dormir y alimentarse, podemos estar hablando de una horquilla de entre 14 y 16 horas libres para llenarlas de actividad. Para simplificar voy a decir una única cifra, 15 horas, y por mucho que nos empeñemos son 15 y nada más que 15.

Segunda obviedad
Todos tenemos el mismo tiempo, y siempre es la misma cantidad, 15 horas según habíamos quedado, es decir, no podemos decir que “no tengo tiempo” pues tenemos  las malditas 15 horas.

Tercera obviedad
Somos dueños de invertir esas 15 horas a nuestro libre albedrío. Esto puede parecer menos obvio, pero no por ello deja de ser cierto.  Podemos asignar el tiempo a una actividad bien en el momento o bien como fruto de un compromiso previo. Para explicarlo mejor usaré un ejemplo: Si hemos decidido (y tenemos la suerte) de trabajar, sabemos que, mientras trabajemos, dedicaremos unas 8 horas de cada día al trabajo. Usando un símil y una palabra que a nadie gusta, podemos decir que “Hipotecamos” parte de nuestro tiempo en aras de realizar una actividad. En el caso del trabajo diremos que hemos hipotecado 8 horas, por lo que ya sólo nos quedan 7. Hago la salvedad de que si al jefe se le ocurre, puede que sean más de 8, pero eso ya entra en lo que podemos denominar “Gestión del tiempo” y lo trataré en otro artículo.

Cuarta obviedad
Nadie puede, o al menos no debe, hipotecarse por más de esas dichosas 15 horas.

Quinta obviedad
No debemos confundir la frase “No tengo tiempo” con esta otra “No hay tiempo”. En este último caso, si sabemos que realizar una tarea cuesta un número de horas y no las tenemos, resulta que es imposible su ejecución, es decir, no hay tiempo material para llevarla a cabo.

Conclusión
En mi opinión, la clave está en lo que decidimos dedicar el tiempo que tenemos, y no en la célebre excusa del “No tengo tiempo”. Si efectivamente ya has consumido las 15 horas, significa que has dado más importancia a unas cosas sobre otras, y la excusa (la frase) debería ser otra, quizás algo así como “Esta actividad era menos prioritaria para mí”. Puede que suene peor pero, a mi modo de ver, es más correcta y define mejor lo que ha pasado.

A todos nos gustaría tener muchas más horas que las 15 horas mencionadas para poder abarcar más, para poder desarrollarnos más como persona, para poder dedicárselo a las personas que queremos o que lo necesiten, para el ocio… para miles de cosas, pero sólo tenemos 15, lo importante es saber bien lo que queremos, para invertirlas (que no hipotecarlas) de la mejor manera posible.

Claro que luego está la heroica, que es robarle horas al sueño, pero eso sólo lo recomiendo en circunstancias excepcionales, de otro modo termina pasando factura.

Carletto

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